Así pues, uno de los problemas vinculados con la inclusión en la educación es la configuración de discursos que puedan integrar al complejo mundo disciplinar en que se ha dividido la academia.
Como podemos sospechar hay una pléyade de dificultades que afrontar antes de poder configurar soluciones operativas. Por ejemplo, uno de los principales problemas es que, aún teniendo una sola lengua común en los salones, cosa que no ocurre pues podemos tener una amplia variedad cultural heteroconformada en donde exista un auténtico ambiente cosmopolita, aún así el significado de algunos conceptos puede variar de disciplina a disciplina, de asignatura a asignatura y de docente a docente.
En ese tenor es importante eliminar de primera mano el sentimiento de displicencia y arrogancia que algunos docentes ponen en sus clases considerando que la disciplina en la que instruyen es "la única" válida. Por otro lado la currícula académica debe nivelarse. Se comprende que para efectos de aprobación de exámenes y certificaciones se le de más peso a algunas asignaturas, sin embargo es importante entender que todas las disciplinas del conocimiento, no sólo las científicas, son necesarias para el correcto desempeño educativo escolar dentro de una educación integral, holística y constructivista.
Por otro lado, la construcción de caminos de comunicación igualitarios, universalistas e integradores, construidos desde la humildad del parcialismo permitirán a los alumnos la autoformación de criterios y, lo más importante, su propia construcción cosmológica. Cuando el docente invita a la observación de otros horizontes, además del suyo, está permitiendo que las simientes de la interculturalidad e interdisciplinariedad se siembren y, simultáneamente está enseñando, de ser humano a ser humano, que la actitud humilde es la más provechosa, pues es la que propone situacionalmente una sensación de equidad, respeto y democracia.
Una propuesta de camino hacia un discurso homologador y común es cuando apuntamos hacia la filosofía, no porque seamos profesionales de este conocimiento o debamos serlo, sino porque sabemos que los orígenes de cualquier conocimiento científico estriban en el pensamiento filosófico. Resulta claro que, aunque la metodología filosófica proponga pocas respuestas tajantes y más bien preguntas críticas, la profundidad de sus alcances y lo poderoso de sus discursos puede perfectamente reunir aquellos conocimientos, en apariencia disímiles y confrontados como lo pueden ser las artes y las ciencias duras.
De tal modo la filosofía puede atender temas artísticos, humanísticos, o bien, por su acercamiento a la ontología, la gnoseología y a la ética, tener intervenciones sobre posturas científicas que de otro modo continuarían sin aproximarse debido a lo "particularizado" de su postura.
Existe un plus dentro de esta aceptación de la filosofía como formadora de metalenguajes: Si desde edades tempranas la infancia se acostumbra al pensamiento crítico-filosófico, resultará entonces más preparada para un ejercicio intelectual anti-dogmático y autodidacta que podría dar sentido el necesario constructivismo en nuestras aulas. Desde esa perspectiva es importante considerar que quizá la filosofía es mucho más necesaria que "cinco horas de matemáticas a la semana".
REFERENCIAS Bell, R., Orozco, I., y Lema, B. (2022). Interdisciplinariedad, aproximación conceptual y algunas implicaciones para la educación inclusiva. Uniandes Episteme Revista Digital de Ciencia, Tecnología e Innovación, 9(1), 101-116.
